Me peino un poco, ya que no me tengo que preocupar mucho por mi pelo. Ya estoy lista.
Oigo como pitan delante de mi casa.
-¡Corre tortuga!- grita mi hermana. Creo que ha llegado mientras dormía.
Bajo las escaleras corriendo y cojo un pequeño bolso donde tengo las llaves de casa. Si me las dejo, tendré que dormir en la calle, lo sé. Salgo de casa lo más rápido que puedo y subo al coche.
-¿Así vas a ir?- dice María con cara de sorpresa y desprecio, creo- Bueno, si a ti te gusta.
Eso es lo que más odio de ella, depende de la opinión de la gente popular; pero aún así, me cae bien.
Al cabo de un rato, llegamos a casa de Paula. Es enorme; y aún así me quedo corta. Tiene un jardín muy bien cuidado. Me giro para mirar a Eva. Que raro: ¡lleva un vestido! La miro sorprendida y ríe. Creo que hoy destacar por no querer destacar. Empezamos bien.
Entramos al recibidor y colgamos las chaquetas y los bolsos en el ropero. Vamos por el pasillo evitando gente que ya está borracha, personas comiéndose la boca... La verdad, todo esto tiene más pinta de botellón que de fiesta.
Llegamos al gigantesco comedor y yo sigo sorprendida Hay muchísima gente por todas partes.
María sale corriendo hacía el mogollón de gente, y Eva se queda conmigo solo un rato, porqué, de pronto, un chico muy guapo se la lleva a "bailar". Me quedo sola entre un montón de gente. Voy a la barra improvisada y le pido al camarero-¡tiene camarero!- un cubata.
Me siento en el sofá junto a unas chicas del instituto. Van bastante borrachas, pero son suficientemente simpáticas como para quedarme y reír con ellas. De pronto, un tío me tira el cubata por encima al tropezarse.
-¡Mierda!
Una de las chicas va a buscar a Paula.
- ¿Le puedes dejar ropa? Es que un subnormal le ha tirado la bebida por encima.
- Sube las escaleras, la ultima puerta del pasillo a la derecha.
-Gracias -digo un poco sorprendida, y dejo a las chicas en el sofá.
Subo las escaleras rápido y voy a la habitación que me ha indicado. Y otra vez me quedo como hipnotizada por lo grande que es su habitación. ¡Tiene un vestidor enorme! Entro poco a poco, como si fuera a salir algo de detrás de la ropa.
Voy buscando, y saco unos tejanos limpios. Otra vez el mismo problema: no se que ponerme.
-¡Entramos!- grita María desde fuera- ¡Deja esos tejanos! A ver...
Me siento con Eva en unos pufs.
-¿Quien era ese chico?
-¿Te acuerdas del chico de la clase de música? Ese no era.- empieza a reír como una loca y me contagio.- La verdad, creo que es un chico de la privada.
-Muy bien, así me gusta, haciendo amigos.
Al cabo de diez minutos, María sale contenta del vestidor.
-Aquí tienes princesita, tu vestido.
Que miedo, esa sonrisa otra vez.
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