martes, 22 de enero de 2013

Ser una princesa en una segunda oportunidad (E.I.9)

Me peino un poco, ya que no me tengo que preocupar mucho por mi pelo. Ya estoy lista.

Oigo como pitan delante de mi casa. 

-¡Corre tortuga!- grita mi hermana. Creo que ha llegado mientras dormía. 

Bajo las escaleras corriendo y cojo un pequeño bolso donde tengo las llaves de casa. Si me las dejo, tendré que dormir en la calle, lo sé. Salgo de casa lo más rápido que puedo y subo al coche. 

-¿Así vas a ir?- dice María con cara de sorpresa y desprecio, creo- Bueno, si a ti te gusta.

Eso es lo que más odio de ella, depende de la opinión de la gente popular; pero aún así, me cae bien. 


Al cabo de un rato, llegamos a casa de Paula. Es enorme; y aún así me quedo corta. Tiene un jardín muy bien cuidado.  Me giro para mirar a Eva. Que raro: ¡lleva un vestido! La miro sorprendida y ríe. Creo que hoy destacar por no querer destacar. Empezamos bien. 

Entramos al recibidor y colgamos las chaquetas y los bolsos en el ropero. Vamos por el pasillo evitando gente que ya está borracha, personas comiéndose la boca... La verdad, todo esto tiene más pinta de botellón que de fiesta. 
Llegamos al gigantesco comedor y yo sigo sorprendida  Hay muchísima gente por todas partes.
María sale corriendo hacía el mogollón de gente, y Eva se queda conmigo solo un rato, porqué, de pronto, un chico muy guapo se la lleva a "bailar". Me quedo sola entre un montón de gente. Voy a la barra improvisada y le pido al camarero-¡tiene camarero!- un cubata.

Me siento en el sofá junto a unas chicas del instituto. Van bastante borrachas, pero son suficientemente simpáticas como para quedarme y reír con ellas. De pronto, un tío me tira el cubata por encima al tropezarse.

-¡Mierda!

Una de las chicas va a buscar a Paula.

- ¿Le puedes dejar ropa? Es que un subnormal le ha tirado la bebida por encima.

- Sube las escaleras, la ultima puerta del pasillo a la derecha.

-Gracias -digo un poco sorprendida, y dejo a las chicas en el sofá.
Subo las escaleras rápido y voy a la habitación que me ha indicado. Y otra vez me quedo como hipnotizada por lo grande que es su habitación. ¡Tiene un vestidor enorme! Entro poco a poco, como si fuera a salir algo de detrás de la ropa.

Voy buscando, y saco unos tejanos limpios. Otra vez el mismo problema: no se que ponerme.

-¡Entramos!- grita María desde fuera- ¡Deja esos tejanos! A ver...

Me siento con Eva en unos pufs.

-¿Quien era ese chico?

-¿Te acuerdas del chico de la clase de música? Ese no era.- empieza a reír como una loca y me contagio.- La verdad, creo que es un chico de la privada.

-Muy bien, así me gusta, haciendo amigos.

Al cabo de diez minutos, María sale contenta del vestidor.

-Aquí tienes princesita, tu vestido.

Que miedo, esa sonrisa otra vez.
    

lunes, 7 de enero de 2013

Puede que no sea mala idea (E.I.8)


Esta semana ha ido bastante bien, aunque no me he quitado a Víctor de la cabeza.
Parecía que con sus ojos podía mirar dentro de ti.

El miércoles fui con Eva y María al café, pero no le tocaba trabajar ese día. Estuvimos hablando del chico de la clase de música de Eva. Parece un chico simpático  porqué Eva no paraba de hablar de él.

-¿Y tu, María? Cómo va con tu novio? -le pregunta Eva.

Y así empezó una conversación de una hora y pico sobre lo estupendo que es su novio y sobre lo que le regalará para su cumpleaños. Yo me perdí en mis pensamientos inundados de sonrisas tímidas y ojos de color caramelo, que se funden con un chocolate caliente. ¡Para! Estaba empezando a obsesionarme con ese chico, y eso que no le conocía.

Los días pasan bastante rápido.

¡Por fin! Ya es Viernes. Un fin de semana tranquilo, con tiempo para desconectar de esos ojos que me ocupan el cerebro todo el tiempo...

 -¡Espera un momento, peque! -grita María desde el otro lado del pasillo del instituto.

¡Mierda! Ese tono suena a que me quiere invitar a alguna fiesta.
María me cae muy bien, pero a veces me parece impulsiva e infantil. Espero que esta vez no sea así y me esté equivocando.

-¿Te apetece ir conmigo y Eva hoy por la noche a una fiesta en casa de Paula?

-Pero es que no me hablo mucho con ella.

-¡Eso da igual! Te pasaremos a buscar a las 7 y media. Espero que estés vestida para ir de fiesta, por que si no... -y sale corriendo con una sonrisa en la cara. Creo que será una de esas veces.

-¡Hola!- digo gritando al entrar en casa.

No contesta nadie. Voy a la cocina y veo una nota de mi hermana diciendo que se va a comer a casa de su amiga. ¡Puf! Hoy me toca comer sola. Creo que voy a comer una ensalada y pechuga de pollo, no tengo mucho hambre.

Me despierta el móvil. Con lo bien que se está durmiendo en el sofá.

-¿Sí? -contesto dormida.
-¿Estas lista? Recuerda que dentro de una hora estaremos delante de la puerta. -y cuelga. Me encantan estas conversaciones tan sumamente largas.

Creo que me tendría que ir vistiendo, sino me montaran un pollo. Subo a paso de tortuga las escaleras.

-Ojala tuviera a alguien que escogiera mi ropa en estos momentos -digo medio dormida aún. Cojo unos pitillos negros, las Convers blancas y... no se que camiseta ponerme. Creo que me pondré una blanca de lentejuelas, la preferida de mi hermana, con una chaqueta tejana. Ya está. Me pinto un poco los ojos; creo que es lo máximo que me he maquillado en toda mi vida. No soy muy fan del maquillaje.

martes, 1 de enero de 2013

Levanta los ojos para ver el mundo (E.I.7)


¡Madre mía, pero si es el chico de los ojos caramelo!
Me pongo roja como un tomate, y no escucho al pobre chico.

-  ¿Perdona, que has dicho?

- Serán 1'50 €.

Sin levantar la mirada, busco el dinero y lo dejo en el platito de la barra.

- ¡Espera! Tengo tu paraguas aquí, voy a buscarlo.

¡No puede ser, se acuerda de mí! Seguro que piensa que soy una patosa y una llorica. ¡Que lo piense, me da igual! Me siento en la mesa de enfrente de la barra a esperar. Sale de la cocina con mi paraguas, y viene a  dármelo.

- Toma, me lo quedé porque saliste corriendo. Lo siento -baja la cabeza- Pensaba devolvértelo si algún día te volvía a ver.

-Gracias por guardarme el paraguas, y por ayudarme el otro día. Siento que tuvieras que cargar con él -sonrío avergonzada. 

-No pasa nada, además, lo usé mientras esperaba que volvieras a recogerlo - me sonrojo de vergüenza-  ¿Por cierto, eres de por aquí?

-Sí -miro la hora- y como llegue tarde mis padres me matarán. Gracias por todo...- miro la placa que lleva colgada en el pecho- Víctor.

-Espera! ¿Y tú como te llamas?

Pero no le respondo y salgo corriendo, porque el móvil a empezado a sonar, y eso quiere decir que quieren que vuelva a casa.

 Me cae bien este chico.